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Cuando los franceses se casan

Aunque en realidad todavía no he asistido a una boda en Francia, con esto de los preparativos para mi propia boda creo que os puedo contar, grosso modo, cómo funcionan. Hay una serie de tradiciones implantadas que no tienen mucho que ver con las españolas, algunas pueden parecer chocantes y otras un tanto divertidas; pero bueno, hay que tener en cuenta que hoy en día la mayoría de las parejas elige hacer lo que les apetece sin prestar mucha atención a ciertas costumbres.

Una de las principales diferencias con las bodas españolas es que ningún organismo ni institución puede validar un matrimonio excepto el estado francés. Eso significa que la gente solo se puede casar oficialmente en el ayuntamiento, sea del credo que sea, porque es el único matrimonio legal a ojos del estado. Por lo tanto, aquellos que sean creyentes (cristianos, musulmanes, judíos…) deben primero contraer matrimonio ante el alcalde o concejal, y después ir al templo correspondiente para la ceremonia religiosa de su elección. Si, por el contrario, no se profesa ninguna fe, los novios suelen optar por una ceremonia laica tras el ayuntamiento en el que celebran su unión con diferentes prácticas: entre las que he visto que parecen estar más de moda están la del tarro de arena, encender una vela juntos, o atar las manos de los novios con un lazo.

Para poder contraer matrimonio hacen falta las actas de nacimiento y el contrato. Este último se realiza ante notario porque en caso contrario se presupone que los esposos compartirán todas sus posesiones. En Francia las actas de nacimiento son esenciales porque en ellas se anotan todos los cambios importantes de la vida de una persona (y así se puede demostrar que alguien es soltero, por ejemplo). Desconozco si es igual en España, aunque en mi acta añadieron una nota con la fecha en que me saqué el DNI por primera vez. Evidentemente, en nuestro caso faltan más documentos porque soy extranjera, pero no entraré en detalle.

Ver imagen originalAsí que una vez que los novios están legalmente unidos y se han profesado su amor delante de sus invitados (y Dios si corresponde), la gente se dirige al lugar elegido para el llamado VIN D’HONNEUR que es, básicamente, un cóctel con aperitivos. Aquí es donde entra en juego algo muy interesante que probablemente choque a los españoles, y es que al cóctel se puede invitar cierta gente que no tiene porqué quedarse al resto de la celebración. Por ejemplo, compañeros de trabajo o amigos menos allegados. Estas personas no se lo tomarán a mal, o al menos eso es lo que he oído (a mí me sigue pareciendo incómodo), porque es una manera de hacerles participar en este día especial pero sin necesidad de gastarse una fortuna invitándolos al resto del convite.

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Durante este tiempo la mayoría de novios realizan una sesión fotográfica de pareja, pero también se suelen tomar instantáneas de grupo a la salida del ayuntamiento, de la iglesia y durante el mencionado cóctel. Una vez este terminado, después de aproximadamente una hora y media o dos horas, los invitados empiezan a separarse: unos se van a casa (quizás para volver al baile después, si se les ha invitado a tal) y los otros entran en la sala para comer (si el convite se realiza en el mismo local).

Todavía no he visto ningún salón de celebraciones que proponga la decoración en el alquiler de la sala de fiestas. Aquí en Francia la mayoría de novios tienen que realizar ellos mismos toda la decoración de la sala y de las mesas, o en su defecto contratar un organizador/decorador de bodas. En las mesas se suelen poner los llamados “chemins de table“, una tela por lo general alargada para dar color, sobre la cual se sitúan los adornos: flores, velas, menús… También es habitual señalar el lugar donde cada persona debe sentarse (¡con el dolor de cabeza que eso conlleva!) con un marcasitios.

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Además, cuando el invitado ha encontrado su mesa y su silla, suele tener un detalle preparado. Aquí los novios no se pasean al final de la comida para ir dando el regalo individualmente, sino que lo colocan directamente en cada sitio. El regalo estrella en las bodas francesas son las tradicionales grageas de chocolate o almendra (como unas peladillas), que también se suelen regalar en bautizos. Según la boda y el presupuesto, el invitado puede recibir otro detalle a parte.

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La comida, ya sea cena o almuerzo, suele durar varias horas. Pero para que no se haga interminable, a los franceses les gusta organizar diferentes actividades. Entre ellas puede haber juegos, bailes, proyección de vídeos… todo vale mientras se haga participar al público. Los novios, por supuesto, no están al tanto del programa y seguramente haya algunas sorpresas un tanto vergonzosas. Los encargados de orquestrar este espectáculo son los testigos, quienes normalmente también organizan la despedida de soltero/a. Si habláis francés, en esta página tenéis una lista de juegos.

Una vez la comida terminada, quizás cinco horas después del cóctel, los novios inauguran el baile y la pista se anima. A los invitados del cóctel se les puede convidar también para el baile, e incluso para el postre (algo inconcebible en España). Durante el baile (o antes), los invitados se pueden acercar discretamente a una mesa en la que se suele encontrar el “libro de oro” (o de firmas) para dejar un mensaje, y la “urna” para dejar un regalo a los novios. Supongo que hay gente que regala alguna cosa en particular, o participa en la lista de boda si la hay, pero parece ser que la mayoría deja dinero en esta urna (que suele estar decorada con los colores y el tema de la boda).

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Hoy en día hay mucha influencia del mercado de bodas en Estados Unidos y se pueden encontrar los llamados “photocall” o “photobooth” para que la gente se haga fotos, el “candy bar” con golosinas, e incluso reportajes de compromiso (preboda) y los “save the date” que es, básicamente, un aviso de fecha antes de tener la invitación oficial con todos los datos confirmados. Sin embargo, la invitación francesa (faire-part) tendrá normalmente una tarjeta de respuesta para que la gente confirme su asistencia, y diferentes documentos donde se explica si hay un código de vestimenta (como un color o el tema de la boda), preguntas sobre excepciones de dieta (para vegetarianos o celíacos), un mapa, el programa del día…

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Y si creíais que la fiesta se acaba cuando la gente se va a dormir, ¡pues no! Porque al día siguiente se realiza lo que se conoce como “retour de mariage“, una comida en la que se vuelve a invitar a los más allegados y/o aquellos que han venido de lejos para compartir de nuevo un momento especial y recordar los del día anterior. Porque al fin y al cabo, sin importar el presupuesto o el tipo de ceremonia o la elección del restaurante, en todos los países las bodas son un acontecimiento feliz en el que se celebra la unión de dos personas.

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