Personal

Lo que pasó en diciembre: la visita a Hong Kong

Esta es la primera verdadera actualización de nuestro viaje. Aunque la idea la tenía desde antes de irnos, no he sido capaz de sentarme a escribir. El primer problema viene de que no tengo un auténtico teclado y a mí me gusta escribir a la antigua: como si de una máquina de escribir se tratara, con sus teclas ruidosas que se atascan cuando te viene la inspiración. Pues bien, con la tableta no consigo esa sensación de velocidad. En fin, que esto es solo una de las excusas ya que el motivo principal es que no tenía ánimo.

La primera semana de diciembre supuso una necesitada sobredosis de momentos familiares y encuentros entre amigos. La necesitaba y me hizo mucho bien, aunque por las noches ya me empezaba a dar un poco de morriña (y eso que aún no me había ido). Tenía bastante miedo, en el fondo ni soy tan aventurera ni tan positiva como me pinto en este blog. Eso y un puñado de cosas me han hecho estar bastante tristona las primeras semanas en Taiwán.

En Wong Tai Sin

Ya empecé mi estancia en Hong Kong con una infección de narices en la boca – por la que decidí sacarme una muela del juicio justo cuatro días antes de emprender el viaje. Lo sé, una locura. Las pasé canutas tomando antibióticos y antiinflamatorios los primeros cinco días de nuestro viaje. Parecía una verdadera zombi, pero como solo teníamos 7 días para que mi francés descubriera este “país” me armé de valor y le preparé un programa de visita. Estoy satisfecha porque su opinión general sobre Hong Kong es positiva.

Man Mo Temple

Nos lo tomamos con calma, la verdad, es la ventaja de no pretender hacerlo todo y poder pasar mucho tiempo en un mismo alojamiento sin necesidad de hacer la maleta cada dos por tres. Elegí un par de excursiones un poco más lejanas, una de ellas la abortamos a medio camino por cansancio, y el resto de días hicimos entre una y dos cosas máximo.

Por supuesto hicimos los imprescindibles de HK:

subimos al Peak en el tranvía e hicimos el senderismo en todo lo alto (el más corto son 3km y se ve toda la isla al completo),

En el Victoria Peak.

tomamos el ferry hasta Lantau Island y subimos a ver al gran Buda y el museo con su reliquia (por cierto si coméis en el restaurante vegetariano del templo entráis gratis a verlo, pero ya os aviso de que no vale la pena, es solo un trozo de piedra diminuto),

El Gran Buda de Lantau.

desde el Buda tomamos un bus para ver el famoso pueblo sobre pilotis de Tai O, donde las casas no tienen más que la entrada sobre tierra y el resto sobre el mar o las marismas;

nos pateamos el barrio de Central varias veces, que es donde se mezcla el mundo chino y el mundo occidental y a mi entender mejor refleja la personalidad de Hong Kong;

salimos “de marcha” por Lan Kwai Fong (nos tomamos un algo en un bar pero a mi edad esto ya cuenta como fiesta, jaja),

visitamos varios templos famosos, el Man Mo en Central, el Wong Tai Sin y el convento de Chi Lin, más el jardín Nan Liam (que no había visitado antes),

En Nam Liam

nos perdimos entre los puestos de los mercados callejeros de Temple Street, Ladies Market e incluso Sham Shui Po (de electrónica),

fuimos al museo de historia, que es gratis los miércoles (y súperbarato los otros días) y está taaaaan bien hecho que no da tiempo a verlo todo.

Museo de historia.

La excursión que tuvimos que abortar fue al norte de los New Territories (pegando a la frontera con China interior), donde las primeras tribus se asentaron hacen miles de años y todavía se puede ver la cultura tradicional. Hay varios lugares en Hong Kong donde se puede captar esta atmósfera donde parece que el tiempo realmente no ha pasado, pero era imposible verlo todo.

En Fanling.

Pero lo mejor de todo fue el reencuentro con mis amigas. Ya hacía cinco años que no las veía, aunque me he escrito algunas cartas y manteníamos el contacto por internet, y fue como si no hubiera pasado el tiempo. Había muchas cosas que contar y fue genial poder quedar dos veces con cada una.

Con Crystal y Flora.

Además son unas personas maravillosas, nos invitaron a comer y hasta nos hicieron regalos. Saira, que encima está embarazada, nos hizo una cena paquistaní deliciosa en su casa. Crystal nos llevó a un restaurante familiar cantonés y nos regaló galletas tradicionales! Mis favoritas fueron los “eggrolls” (canutos de barquillo), los pandas de chocolate y unas que había de almendra que se deshacían en la boca.

Desgraciadamente no pude guardar la caja tan chula.

Esos 7 casi 8 días en HK fueron como estar en casa. Sí, un poco diferente, pero me conocía los sitios, las líneas de metro, las tiendas… y no me sentía fuera de lugar, igual que cuando llegué hace cinco años. Así que os podéis imaginar que al llegar a Taipéi el 18 me sentía fatal. Mis “vacaciones” se acababan y seguía el camino, no me quería ir y me quería volver al mismo tiempo… Encima mi primera impresión de la ciudad fue muy negativa, y eso que ahora me está gustando! Es algo muy raro. Me siento lejos, no tengo fecha de vuelta y aunque en general lo que veo y hago es genial, a veces tengo ganas de despertarme en mi casa.

Estamos dando una segunda oportunidad a esta isla, la antigua Formosa, que tanto me han recomendado, con su gente hiper amable por doquier, con más verde que contaminación, con la mejor cocina asiática (¡o eso dicen!). Nos queda una semana y por ahora hemos estado en tres sitios que valen la pena. Os contaremos más pronto e intentaré poner el vídeo de Hong Kong que llevo probando varios días a hacer… pero no sé hacerlo con la tableta y me frustro. ¡Chao!

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