Personal

Lo que pasó en Taiwán

Nuestro periplo por la isla de Taiwán duró un mes, lo que habíamos previsto tras haber leído sobre este lugar. El problema es que, entre unas cosas y otras, se nos ha hecho un poco largo, sobretodo porque al final decidimos no hacer todo lo que habíamos pensado. Íbamos a improvisar, nos dijimos, ya veremos lo que pasará. En fin, las cosas no han salido como esperábamos (ya hemos aprendido para las siguientes etapas), pero al final hemos visto lo esencial de Taiwán, y hemos podido vivir tranquilamente en Taipéi bastante tiempo como para apreciar el estilo de vida de aquí.

Llegamos a Taipei a mediados de diciembre y estuvimos allí cinco días en un hostal que reservé así sin mirar mucho. Fue complicado llegar la primera vez, cuando no conoces cómo funciona el lugar, pero el sitio estaba bien. Al final nos habría gustado quedarnos más días allí, pero estaban completos, así que para el fin de semana de navidad nos fuimos a la playa al norte. Después nos enteramos que las mejores playas (y tiempo atmosférico) estaban en el sur y el este. En fin, al menos vimos algunos de los monumentos de la capital para empezar.

Palacio presidencial
Museo del palacio nacional, el Louvre taiwanés. El tiempo no nos acompañó mucho en el norte, pero no tuvimos muchos días de frío, la verdad.

Como yo no estaba muy bien de salud ni de ánimo (una cosa no ayuda a la otra), mi francés miró para ir haciendo escalas hacia el sur. Si lo hubiéramos sabido, jamás habríamos hecho noche en Taichung. Allí no hay nada que ver a parte de la contaminación asfixiante. Vimos un parquecito simpático el 25 y el día siguiente, antes de coger el bus, nos pasamos por la iglesia mormona a dejar un paquete al hijo de una bloguera que sigo. Me pareció un gesto simpático ya que he leído tanto sobre él. ¡Solo espero que le gustaran las galletas!

Después hicimos otra noche en Puli, en la montaña. Todo está bastante mal comunicado, con lo que decidimos cambiar de plan y pasar una sola noche. Es un sitio que no necesita más que una tarde, ¡ya que la fábrica de licor no tiene nada que ver! Al día siguiente fuimos hasta el lago del Sol y la Luna, donde dormimos varias noches (he hablado un poco más aquí).

El primer día nos paseamos por uno de los senderos de Shueishe y cenamos cerca del puerto. Es una zona turística y nos hizo buen tiempo. El segundo día dimos la vuelta al lago en bicicleta, me gustó muchísimo. Sin embargo, al no tener muy buena forma física, el esfuerzo monumental me provocó una fiebre horrible esa noche, no comí nada, y tuve agujetas durante muuuuchos días. Parecía una marioneta maltrecha, ¡no podía apenas caminar!

La siguiente parada fue Tainan, la antigua capital del sur (bei significa norte y nan, sur). Estuvimos creo que tres noches, durante el fin de año. Es una ciudad mediana, pero mucho más agradable que Taichung (chung por cierto quiere decir centro), con menos contaminación y mejor clima. Tiene dos zonas históricas más interesantes, y completamos con una excursión al campo, donde cultivan el arroz principalmente.

Fuerte de Anping, el barrio con más “encanto” histórico. Allí es típico el pan de gambas y las tiendas daban a probar todo el rato. Nos pusimos morados pero no compré porque siempre venían enbolsas de plástico 😦
Pueblo antiguo de Jingliao, en el campo de arroz. Un tiempo genial! Fuimos en bici pero menos tiempo. Aún tenía agujetas!
El mejor mercado nocturno al que fuimos es el de Datong en Tainan. Nos comimos un platazo de carne, fideos y huevos por menos de 3 euros.

Como el tiempo no acompañaba y mi espalda no mejoraba, en vez de seguir hacia el sur, volvimos al norte y dirección este hasta el parque natural de Taroko. Os hablaré en detalle de este lugar, lo que vimos e hicimos, porque se merece un artículo a parte. Hay una garganta increíble, montañas vertiginosas, mármol deslumbrante y un río cristalino. Es la parada imprescindible de esta isla y ha sido, de lejos, lo más bonito que he visto.

Taroko. Belleza natural.

Aquí se nos fue la mano y nos pagamos un hotel caro. Todo el mundo lo recomendaba y además de tener buen servicio, estaba situado en la propia garganta. Desde nuestra ventana podíamos ver y oír el río (nos mejoraron la habitación sin coste, nosotros habíamos elegido una más barata). Fue genial poder descansar en los jacuzzis de la terraza, viendo la bruma cubrir la cima de la montaña. Parecía un sueño.

Listos para la excursión con nuestra guía Skylar.

Después de este finde tan lujoso, buscamos un alojamiento más económico en Taipéi para pasar el resto de nuestra estancia allí. Al final optamos por no bajar por la costa este y probablemente todo el mundo nos diga que nos perdimos las playas y las islas… Pero ese tiempo en la capital nos sirvió para sentirnos un poco más en casa, viviendo tranquilamente.

También hicimos varias excursiones de un día a los alrededores. Un día fuimos a los baños termales de Beitou (nos bañamos por poco más de un euro), otro al barrio antiguo de Jiufen (el que veis con tantos farolillos rojos, en la montaña), otro a la catarata de Shifen (donde la vía del tren es la calle principal de la aldea), y otro a Damsui para ver el río en bicicleta (a estas alturas ya no tenía agujetas, jiji).

Azufre en Beitou. El agua sale a 90 grados y para los baños la mezclan con agua fría. Me gustó mucho que los dependientes de la tienda oficial de souvenirs fueran todos personas con discapacidad. Para disfrutar de los baños hay que tener un poco de estómago (sobre todo si son públicos).
Calle antigua en Jiufen. Lugar muy famoso, lleno de tiendas y puestos de comida. Está bien para un par de horas. Sí, lo pillamos todo en obras siempre 😦
Cascada de Shifen, dentro de un parque muy cuco con puentes suspendidos (lo pasé fatal y me mareé mucho). Fácil de acceso.
Shifen y su ferrocarril. Este lugar es famoso por el lanzamiento de faroles para pedir deseos (especialmente en año nuevo chino). Los colores tienen su significado y los venden por doquier. Pero no me gustan porque suponen contaminar  (aunque sean de papel). Por cierto, en esta foto veis el vaquero, sudadera y bolso que me he tenido que comprar (vale, el bolso ha sido un capricho).
Ciclistas en Damsui, al lado del río. Muy buen tiempo, buena comida, bonito paisaje.

Y después nos fuimos a Vietnam, donde la primera parte del viaje consiste en hacer turismo a tope, y luego alojarnos  en el norte a cambio de trabajo. Ya sé que voy con retraso en las actualizaciones, pero no siempre tengo tiempo de escribir. ¡Hasta pronto!

3 comentarios en “Lo que pasó en Taiwán”

  1. Peazo de viaje qué os estáis haciendo, es impresionante… (y envidiable)!!!
    Espero a la siguiente entrada, para seguir viendo qué hacéis 😉
    Saludos!

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  2. Yo creo que no está mal dedicar días a improvisar y salirse un poco de la ruta, al final se trata de disfrutar la experiencia, y a mi me gusta, si es posible por tiempo (y cuando vas de vacaciones a veces el tiempo es muy justo) tener hueco para improvisar y vivir la ciudad, porque creo que así es como de verdad se conoce la cultura de un sitio.
    ¡Qué pena que no estuvieses bien del todo de salud y de ánimo! El parque que dices parece una maravilla, estoy deseando leer sobre él. Y qué maravilla lo de los jacuzzis viendo las montañas! qué gustazo! Con ganas de leer la siguiente parte, y que nos cuentes qué tal por Vietnam!

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