Viajes

Nuestra excursión al delta del Mekong

Cuando leímos la guía para preparar nuestro viaje, vimos un sinfín de lugares increíbles que según los autores eran indispensables por esta o aquella razón. Obviamente no pretendemos verlo todo porque es imposible con el tiempo del que disponemos. Por eso hemos elegido con pinzas lo que queremos ver: si podemos hacer más, genial; si no, no pasa nada. Por eso en Vietnam reducimos la lista de visitas naturales a dos, una en el norte, una en el sur.

En el sur fuimos a conocer el río más importante de esta parte del mundo, que recorre unos cuatro países si no me equivoco y es la columna vertebral de muchos pueblos a lo largo de su recorrido. El delta del río Mekong nos recuerda a postales de antaño con los canales hechos por los franceses, a imágenes tristes de películas de guerra. Pero no se puede negar que, a pesar de la contaminación y suciedad, el río tiene un aura que captiva.

Nosotros contratamos una excursión de un finde, con guía anglófono, todo incluido. Muy buena relación calidad-precio ya que no paramos de comer en todo el tiempo, el guía fue excepcional con nosotros, tuvimos tiempo para descansar y para descubrir… Además fue un alivio no tener que buscar combinación de transporte desde Ho Chi Minh, ya que no recogían y nos llevaban de vuelta. Eso sí, el viaje empezó a las 4:30 am. Llegamos a la hora perfecta para ver el mercado flotante al por mayor, con barcos enormes y barcos-casa donde los vendedores viven hasta agotar el producto.

La visita comenzó con un verdadero desayuno vietnamita, la famosa sopa pho de fideos de arroz y un montón de cosas más. Nuestro guía nos compró la sopa en el barco restaurante, por supuesto. También había barcos con dulces y con bebidas.

También nos compró kilos de fruta, sin exagerar. Mucha fruta que desconocíamos, además. Y lo más divertido, es que he vuelto a comer piña y sandía después de varias décadas sin que me gustaran. Subimos a un barco de un señor que prepara las piñas para los turistas y me comí la mitad sola, después de decirle que no me gustaba.

Después de comprar y probar fruta en otro barco, fuimos a visitar la fábrica de fideos de arroz. Es muy interesante porque está abierta al público y puedes ver el proceso de fabricación. Usan arroz y tapioca, por eso los fideos son muy plásticos y elásticos. Pudimos incluso participar en la fabricación, colocando las hojas enormes (hechas al vapor) en la plancha de secado. No fue tarea fácil porque se me empañaron las gafas y me las quité corriendo, se cayeron, y encima la torta estaba ardiendo.

Tras la visita de la fábrica, nos dirigimos a nuestro alojamiento en un pueblo de la zona, al lado de un canal. Es una casa familiar donde reciben a turistas. Allí almorzamos tras un descanso, y cenamos por la noche tras nuestro paseo en bicicleta por la zona.

Foto enviada por nuestro guía Billy, un encanto de persona.

Todos probamos suerte con la red de pescar pero ninguno sacó nada más que basura del agua. No lo hicimos con la red de la foto, que es enorme, sino con una más pequeña que pedimos prestada a un niño (quien, por cierto, tenía ya un cubo lleno de pececillos).

Antes de la cena pudimos descansar en hamacas en el porche (mientras los mosquitos nos comían a pesar de llevar puesto el repelente). Para cenar hicimos nuestros propios nems (rollitos de primavera fritos) y el señor de la casa nos pescó un pez bien grandote.

Al día siguiente nos levantamos temprano porque a las cinco venía a buscarnos un barco para ir a otro mercado flotante, más pequeño. Ahí volvimos a comer muuuuucha fruta y la conductora de nuestra barca nos hizo coronas y muñequitos con hoja de cocotero.

Continuamos de paseo por uno de los canales del delta, donde la señora nos dejó probar remar la barca. Yo ni lo intenté, estaba muy cansada y eso tenía pinta de complicado.

La última parada antes de volver a la realidad fue una granja de cacao donde todavía lo hacen todo a mano. El señor hablaba un poco de francés porque había hecho la primaria en la época de la colonia. Billy nos explicó todo muy bien, nos dió a probar granos de cacao frescos y, tras una degustación de chocolate, nos tomamos un chupito de vino de cacao. ¡Estaba delicioso!

Lo que más pena me dio fue ver que la gente no se da cuenta de lo valioso que es el río en sus vidas, no solo para el comercio, sino como medio natural. Ver la basura flotando me rompió el corazón en mil pedazos. En esa misma agua donde se bañan y dan de beber a sus animales, echan las aguas residuales y la basura diaria. Pero lo peor es el plástico. Aún no entienden que no es lo mismo tirar una piel de naranja que un vaso de plástico, que no desaparecen solo porque el agua se lo lleva fuera del alcance de su vista.

Con ese sabor agridulce nos fuimos del delta del Mekong, sabiendo que donde fuéramos en esta región el peor enemigo es el plástico.

 

6 comentarios en “Nuestra excursión al delta del Mekong”

  1. Qué interesante Irene! Me encanta todo lo que aprendo con tus posts. Qué experiencias tan interesantes estáis viviendo en el viaje. Disfrutad todo lo que podáis. Besos

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