Personal

Lo que he aprendido en 2 meses de viaje

Cuando me fui a vivir definitivamente a Francia en 2014, avisé a mi familia y amigos de que no iba a volver a España a menudo. En primer lugar, porque me iba sin trabajo y con pocos ahorros, no quería gastarme lo poco que tenía en vuelos a Sevilla. Después, cuando ya tuve trabajo y empecé a ganar bien, ponía la excusa de no tener vacaciones (en parte cierto). Pero en el fondo no quería ser una cateta que compra billetes cada dos meses por morriña.

Yo tenía una imagen de viajera sin miedo que había trabajado y estudiado en el extranjero varias veces, ¿cómo podía mostrar esa debilidad? ¿Cómo podía admitir que echaba de menos la familiaridad de mi idioma y mis costumbres, el calor de mi familia y la aceptación de mis amigos? Así pasé tres años duros en los que busqué excusas y sufrí directa e indirectamente la lejanía hasta el punto de querer anular mi boda.

En el último año pude pensar mucho en mi vida y vi que no me gustaba. Con la necesidad de sentirnos mejor preparamos esta aventura viajera de la que llevamos dos meses lejos de todo: de lo que no nos gusta como de lo que sí. Sobre el papel todo parecía perfecto, una película de cine con filtro envejecido.

Justo antes de irme le confesé a mi madre que tenía miedo, y mucho. Me di cuenta de que era una auténtica locura, que a mí me gustan los viajes pero para este no encuentro una buena razón. ¿Qué hago yo aquí? Es una experiencia inolvidable, diréis, todo lo que estás viendo y viviendo y comiendo y conociendo. Y sobre todo, creciendo.

Y es cierto, en estos dos meros meses de viaje he crecido mucho, he salido de mi zona de confort, he probado cosas nuevas y he osado. Y he podido ver los resultados.

Esto es lo que he aprendido: a ver mis límites. Que cuando la gente me diga que soy valiente, les podré decir que no, que no tienen ni idea. Que siempre busco el plan seguro y estudiado de antemano. Que siempre consulto la guía o internet. Que cuando las cosas no me salen como pensaba, me desanimo fácilmente. Que cada vez que cambiamos de país me entra ansiedad. Pero sobre todo, que echo de menos mi casa. La familiaridad. La facilidad.

No os creáis que todo es negativo porque, aunque sea entre lágrimas, he sumado algunos logros a mi lista. He vuelto a comer ciertas frutas que llevaba décadas sin probar, como la piña y la sandía. De hecho, ahora tomo muchísima fruta, cosa que en casa no hacía casi nunca. He hecho deporte a pesar de que no me gusta, sumando kilómetros en bicicleta y a pie. Incluso cuando los pies me duelen, intento hacer las excursiones. He conseguido gestionar problemas, con más pena que gloria, y a tomar algunas decisiones con las que he estado satisfecha (lo cual es un auténtico logro para mí, doña indecisa).

¿El balance? Es positivo, claro que sí. Todo este mundo extraño me ha dado la oportunidad de pensar y repensar mi vida, de valorar qué es realmente lo que quiero, de profundizar en mis proyectos para el futuro, de ver mis límites: unas veces soy valiente, otras veces no lo soy. Así que perdonad si de vez en cuando no estoy de ánimo, o si me apetece cambiar de planes o acortar el viaje, o si quiero volver a empezar de cero. Porque si algo he aprendido en estos dos meses, es que las cosas no siempre salen como queremos, pero no tenemos porqué aceptarlas.

8 comentarios en “Lo que he aprendido en 2 meses de viaje”

  1. Y tanto qué es de valientes reconocer qué a veces no lo somos! Mucho ánimo a los dos, es una experiencia envidiable (qué no digo fácil ehh..) qué en realidad, no nos atreveríamos cualquiera… Un beso muy grande desde España, más concretamente de un pueblo de Soria!!!

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  2. Lo importante es disfrutar el momento y, sobre todo, hacer lo que os apetezca hacer a ambos. No siempre hay que seguir lo planeado. A veces los mejores planes salen cuando haces algo inesperado. Intenta disfrutarlo y, ya sabes, intenta aprender a relajarte y dejarte llevar. Creo que ya lo estás haciendo. Besos

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  3. Yo creo que has aprendido mucho, conocerte, tus límites, y atreverte a salir, aunque sea alguna veces, de tu zona de confort, es mucho, y muy grande. Celébralo como una victoria, y sigue creciendo y abriendo tu mente. Y no creo que sea malo sentir morriña. Quizás esto te sirve para aprender a querer tu hogar todavía más 😉

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