Personal

Lo que pasó en Tailandia

¡Cómo pasa el tiempo! Ya estamos en Japón, el país que marca el ecuador de nuestro viaje, y estamos aprovechándolo bastante bien. Os hablaré más en detalle pronto, porque antes quiero hablar de nuestra primera estancia en Tailandia (volvemos a mitad de junio) y de cuánto me ha gustado.

Tailandia es uno de esos países que siempre me parecían lejanos, exóticos, y al mismo tiempo peligrosos y demasiado turísticos. Nunca había conocido a ningún tailandés que me pudiera dar una visión sincera de su tierra, todo lo que sabía venía de películas como Ana y el rey, o Resacón en Las Vegas 2 (¿ó 3…?). ¿Veis el abismo? También están esos telefilmes de sobremesa donde un grupo de amigas se van de vacaciones y acaban en prisión por posesión de drogas. Ya sabéis de cuáles os hablo… En fin, todo esto es para deciros que tenía un poco de miedo del acoso, de las estafas, de la bulla, del calor… Y, bueno, a parte de que todo eso lo hemos encontrado durante nuestro viaje, la verdad es que ha sido en pequeñas o medianas dosis, y Tailandia me ha mostrado que puede ser muy interesante. No es que no lo supiera, porque ya había “estudiado” este país para mi reto de 12 meses, 12 países del blog (podéis ver más aquí). Era sobre todo el miedo al acoso turístico y las estafas.

La llegada al país iba a ser por tierra, desde Laos, hacia Chiang Rai. Problema: si entraba por tierra mi visado era solo de 15 días frente a los 30 que tendría (y necesitaba) si lo hacía por aire. Así que tuvimos que cambiar de planes y comprar un billete de avión desde Luang Prabang a Chiang Mai. Lo único malo de esto es que después nos dio un poco de pereza ir hasta Chiang Rai, así que nos hemos quedado sin verlo. Por el contrario, tuvimos bastante tiempo para descubrir Chiang Mai, que nos gustó mucho. Allí estuvimos como dos semanas, primero en un hostal, después a las afueras haciendo un workaway (os hablé de lo que es y nuestra primera vez en Vietnam en esta entrada), y finalmente volvimos unos días más a otro hostal. El segundo me gustó mucho más porque tenía una zona común muy chula y estaba un poco más céntrico. Ah, y tenía un buen desayuno por mejor precio.

Este templo no lo recomendaba la guía pero me gustó porque estaba hecho de madera. No, no me acuerdo del nombre. Creo que era el Wat Phan Tao.En Chiang Mai básicamente solo hay templos que ver. A las afueras tienes parques naturales y reservas de elefantes un poco dudosas. Pero en la ciudad puedes hacer otras muchas cosas, como masajes, ir de fiesta, visitar museos, mercadillos nocturnos, clases de cocina… Intentamos hacer un poco de todo, para variar, pero evitando salir al mediodía porque hacía un calor insoportable. Para visitar los templos es mejor ir temprano por la mañana o al final de la tarde. Los extranjeros deben pagar la entrada pero a veces la taquilla está cerrada (creo que abren de 8 a.m. a 6 p.m. y a veces cierran para comer). Lo único es el incordio de tener que taparte hasta las rodillas y los hombros, además de quitarte los zapatos (odio quitarme los zapatos, es una manía que tengo, nunca voy descalza porque me da asco, así que lo estoy pasando un poco mal).

Nos encantó el chedi semidestruido del Wat Chedi Luang.

Como ver siempre templos puede saturar, lo digo por experiencia, también se puede ir a algunos museos. Nosotros fuimos al de cultura tradicional Lanna, que es la del norte de Tailandia. El museo tiene aire acondicionado y está muy bien hecho, con dioramas y reproducciones fieles, y explicaciones disponibles en inglés. Es genial para el mediodía si no quieres volverte al hotel.

Entre las actividades que elegimos están el masaje y la clase de cocina. El precio de esta última fue mucho más elevado que en Luang Prabang, pero creo que comimos el doble! La clase incluía explicaciones de los diferentes ingredientes que cultivan en el propio huerto ecológico, y aunque el lugar era menos encantador, la profesora fue muy profesional y la comida, abundante. Con deciros que no pude terminarme la mitad de los platos, ni siquiera el postre…

En el workaway tuvimos la suerte de conocer a gente estupenda (del trabajo mejor no hablar…), y pudimos hacer varias salidas juntos. Una de ellas fue a los jardines botánicos de la reina Sikirit, que son gigantescos. En realidad solo tiene 3 zonas que valen la pena, incluyendo el museo, muy bien organizado y con muchísimas explicaciones.

La verdad es que en Chiang Mai no te aburres, hay muchos sitios interesantes. A ver si un días os hablo de nuestros favoritos por si os pueden servir. Fuimos a tomar unas copas a una terraza, fuimos incluso al cine a ver Black Panther, y a un par de restaurantes muuuy ricos. Los masajes eran tan baratos que yo me hice dos, ¡dos!

Pero no solo hay cosas que hacer en la ciudad, sino también a los alrededores, aunque nosotros no nos aventuráramos demasiado. El problema es que algunas actividades turísticas no parecían muy buenas. Sobre todo el tema de los “refugios” de elefantes, que es bastante polémico. Leímos tantas críticas, e intentamos comparar tantos centros, que cuando nos decidimos por uno que parecía legítimo, ya no quedaban plazas en todo el mes. No es que no viéramos elefantes, al final los vimos por las calles de Ayutthaya cargados de turistas a sus espaldas y andando por el asfalto incandescente… Esto era lo que queríamos evitar, por eso decidimos probar a verlos de manera salvaje en el parque nacional de Khao Yai.

Contratamos una excursión con unos guías especializados, paseamos por la jungla y pudimos observar todo tipo de animales: serpientes, macacos, lagartos, pájaros, ardillas, gibones, murciélagos, cocodrilos, mariposas… No tuvimos suerte con los elefantes, pero no me entristece ya que eso significa que son libres. Quizás tengamos más suert en otra ocasión. A cambio, vimos el vuelo de dos millones de murciélagos saliendo a cazar por la noche. Fue IMPRESIONANTE.

Con estas pintas me pasée por el parque, embadurnada de crema solar, encasquetada con mi sombrero, mis pantalones y camiseta impregnados de antimosquitos, los calcetines especiales antisanguijuelas…
Un gibón.

Creo que ese momento con los murciélagos fue uno de los que nunca olvidaré.

Pero en término de monumentos, mi lugar preferido de toooooda Tailandia es, sin duda, Sukhothai. Si tenéis que elegir entre esta y Ayutthaya por tiempo, yo prefiero mil veces Sukhothai por varias razones: las ruinas están mejor conservadas, los templos se encuentran casi todos en la misma zona, si te lo propones lo puedes hacer a pie (pero con el calor es mejor en bici), el billete te permite entrar varias veces en el recinto, es mucho más tranquilo ya que no hay tráfico dentro. Sí, la ciudad antigua está lejos de la nueva (donde hay más hoteles y restaurantes), mientras que en Ayutthaya algunos templos son mucho más impresionantes, estos están repartidos por toda la ciudad y te cuesta mucho más moverte. Además de que cada templo tiene su entrada independiente. Pero bueno, que es mi propia opinión y ambos sitios tienen su encanto. Solo quiero decir que el primero me enamoró.

Wat Mahathat
Wat Sa Si

Lo mejor fue ver el atardecer en el templo Wat Mahathat, el más grande del recinto principal, y el amanecer en el Wat Paa Mamuang, en una colina a las afueras, con vistas a toda la ciudad. La sorpresa fue encontrarnos un grupo de monjes budistas en una ceremonia especial. Místico. Lo menos místico fue el dolor de trasero después de pedalear tanto…

El atardecer
El amanecer

Por supuesto, en Ayutthaya vimos templos bonitos, aunque las distancias eran más largas. El museo que se encuentra en el centro de información es de lo más completo (y tiene aire acondicionado), es interesante verlo antes para conocer la historia de la antigua capital de Siam y saber qué templos queremos visitar después. Nosotros nos quedamos con los del centro el primer día. Las ruinas del Wat Phra Sinphet son famosas, tiene 3 chedis que han aguantado las invasiones y el paso del tiempo, pero no son tan impresionantes como los que hay al sur de la isla.

Wat Phra Sinphet

Este es el Wat Chai Wattaranam, que tiene un prang de estilo jemer en buen estado. Para ir contratamos una excursión en barco, aunque no sabíamos que las entradas a los templos no estaban incluidas. No salió caro al final, y el paseo en barco al atardecer fue un cambio agradable del calor que pasamos pedaleando el primer día.

Wat Chai Wattaranam

Aunque para templos, supongo que el parangón es el de Bangkok, el Wat Phra Kaew (con la figura de Buda de jade), que aglutina varias construcciones de varios estilos. Nada que ver con las monótonas ruinas de Sukhothai o Ayutthaya en ladrillo deslucido, aquí todo está bien conservado y cuidado, todo brilla y todo te deja boquiabierto. Aunque considero el precio de la entrada excesivo para lo que se ve, ya que no se entra en ningún edificio. Pero es el único monumento de la capital, a mi entender. Hay un par de templos más, pero a esta altura ya estábamos hartos de tanto Buda.

En Bangkok nos lo tomamos con calma, escondiéndonos del calor de la tarde, saliendo un poco de “fiesta”, de mercadillo, fuimos al cine otra vez, quedamos con un amigo de mi francés, fuimos al parque… Una vida tranquila. Y sobre todo, probando las especialidades gastronómicas tailandesas.

En el centro comercial, el retrato del antiguo rey en pop art
Con Kevin tomando un algo en Khao San Road

Y así se acaba nuestro mes en Tailandia. En junio volvemos para conocer las playas del sur. No nos dio tiempo a bajar tanto porque el 20 de marzo cogimos un avión a Japón con la intención de ver los cerezos en flor. Misión cumplida con creces, pero os hablaré de esto más adelante. Antes publicaré un par de cositas sobre Vietnam y Tailandia que se me han quedado en el tintero. ¡Hasta pronto y gracias por leerme!

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