Personal

Lo que pasó en julio y agosto

Hoy os hablo de lo que hicimos este verano, uno que pasará a los anales (pero bueno, todo este año pasará a los anales). Julio y agosto han sido dos meses muy intensos pero en términos completamente distintos.

En julio estuvimos en tres países diferentes aunque la mayoría del tiempo estuvimos en Indonesia. Primero dijimos adiós a Malasia con la última escala en la ciudad colonial de Malacca. Es curiosa porque pasó por manos de portugueses, holandeses, ingleses…

Desde allí fuimos a Singapur en autobús. Pasamos dos días por nuestra cuenta intentando empaparnos rápidamente tanto del pasado colonial como del diseño futurista y sus rascacielos. Os recomiendo visitar alguno de los centros culturales (el chino tienen buenas críticas, el indio nos encantó) y el jardín artificial con el espectáculo de luces y música en Gardens by the Bay (vimos el de la ópera y acabé con lágrimas de emoción).

Los otros dos días los pasamos con un amigo de la infancia de Guillaume y su familia, que nos trataron estupendamente y nos llevaron a ver zonas menos conocidas por donde vivían. Con ellos probamos la especialidad de allí, el cangrejo a la pimienta, en uno de los numerosos food courts callejeros y jugamos por primerísima vez al mahjong de verdad. Un sueño cumplido para mí

Nos dio mucha pena irnos pero nos esperaban más aventuras en Indonesia, empezando por Jogjakarta. De este país solo elegimos cuatro islas para ver, aunque no completamente. En la primera, Java, solo fuimos a esta ciudad porque los dos templos más famosos están al lado y fuimos a verlos en una excursión de un día, con amanecer en la colina incluído.

Borobudur es un templo budista y Prambanan es un templo hinduísta. Ambos son patrimonio de la UNESCO. Me gustaría hablar de ellos más en detalle en otra ocasión pero os dejo algunas fotos. Los dos impresionan pero las estupas de Borobudur son fascinantes, algo que no había visto nunca.

Borobudur
Prambanan (uno de los varios templos)

Como a mi francés le gusta mucho surfear, no es de dudar que fuéramos a Bali a continuación. Aunque la zona de Kuta, Legian y Seminyak, o incluso Canggu, es muy turística, es el lugar ideal para esta actividad. Por ello pasamos allí una semana entera, aunque hicimos una excursión hasta Ulu Watu y su famoso templo, en el sur. Allí hay unas olas espectaculares que solo los mejores surfistas se atreven a atacar.

Después conocimos la atmósfera tranquila y bohemia de Ubud, con las oníricas danzas balinesas y sus arrozales sin fin. Os recomiendo ver una de las danzas tradicionales, son hipnotizantes. Uno de los días coincidió ser la fiesta del dios de Bali y el dueño de nuestro alojamiento fue tan amable de prestarnos ropa tradicional para ir al templo (si no, no se puede acceder).

Desde Ubud hicimos dos excursiones y descubrimos el templo Gunung kawi, excavado en la piedra; el monte Batur (un volcán aún activo con un lado totalmente calcinado) y el lago Batur; el palacio de agua Tirta Gangga; y las impresionantes vistas del volcán Agung desde la playa de Amed, de arena volcánica (cuyas aguas son traicioneras, acabé llena de arena hasta las orejas).

Monte Batur
Tirga Gangga
Templo Gunung Kawi
Nusa Lembongan, isla al lado de Bali a la que hicimos una escapada

En la isla de Flores pudimos ver los dragones de Komodo (otro sueño cumplido para mí) y hacer snorkel, donde vimos corales de muchos colores, estrellas de mar gigantescas, peces de todo tipo. En Lombok descansamos en la playa para retomar fuerzas antes de irnos a Camboya en agosto.

Parque natural de Komodo y Rinca

Lo mejor de Indonesia ha sido conocer a varios viajeros como nosotros con los que compartir anécdotas y consejos. Por supuesto, las vistas en Bali de montaña, playa y arrozales nos han fascinado. Pero en realidad ha sido muy agotador ya que en todas partes la gente te acosa para proponerte servicios (taxi, moto, camisetas, comida, masajes…) y abusan de la paciencia de los turistas. Supongo que para ellos es importante ganar dinero pero no todos son honrados y siempre tienes que estar regateando, lo cual cansa sobremanera. Creo que ha sido la peor experiencia en todo nuestro viaje.

Por ello sabíamos que Camboya no sería muy diferente, ya que es también un lugar muy pobre, pero como no fuimos a zonas turísticas a parte de Siam Reap, no notamos tanto el acoso. Por supuesto la razón de nuestra visita al país era participar en la ONG de PSE y sus campamentos de verano (podéis ver más aquí). Como finalmente estuvimos trabajando en Nom Pen y solo teníamos libres algunos fines de semana, optamos por visitar la capital un poco y dedicar un fin de semana a Siam Reap.

La primera semana tuvimos una formación específica para la tarea de monitores y para conocer mejor a nuestros compañeros. En medio hubo una escapada de tres días a Kep, en la playa. Después tocó volver a la capital para trabajar. De nuestras visitas en Nom Pen destacamos:

el horrible Tuol Sleng o museo del genocidio S21 (que te dejará con muy mal cuerpo si consigues, al contrario que yo, terminar el recorrido de ese espeluznante lugar), un antiguo insitutito convertido en cárcel de tortura durante el gobierno de los Jemeres Rojos,

y el Palacio Real (que cuesta demasiado caro pero la sala del trono es preciosa, e incluye el templo de la plata que es el templo budista más importante del país).


Aunque en realidad Camboya presume casi en exclusiva de los templos de Angkor, antigua capital del reino jemer, de los cuales Angkor Wat es el símbolo nacional y aparece como absoluto protagonista de la bandera (y un sinfín de tiendas y restaurantes).

Angkor Wat realmente es impresionante, imponente por su tamaño como por su arquitectura que inspiró la construcción de otros muchos templos en Asia. Es de hecho el templo más grande del planeta. Pero a nosotros nos gustaron más otros dos templos por inusuales: Bayon con sus torres talladas con caras en sus cuatro costados y Ta Prohm por su decadencia onírica y los árboles voraces que atrapan las ruinas con sus raíces.

En Siam Reap fuimos también a ver un espectáculo de circo acrobático que me dejó literalmente con la boca abierta. Aunque la entrada es un poco cara, os prometo que vale la pena porque la ONG lleva a cabo muchos proyectos de formación en las artes escénicas (ver más info aquí).

Bayon
Ta Phrom

Este verano ha sido un poco especial, dos meses, en varios países diferentes entre sí, haciendo cosas que van desde descansar en la playa, ver dragones, visitar templos o comer en restaurantes hasta jugar con niños, regatear en los mercados o dormir en el suelo. Este ha sido nuestro verano 2018.

Ahora estamos en Sydney, tomándonos un descanso de la naturaleza y disfrutando de la ciudad. Podéis seguir nuestras aventuras más al día a través de Instagram.

2 comentarios en “Lo que pasó en julio y agosto”

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