Viajes

Haciendo un voluntariado en la jungla de Borneo

Cuando llevábamos apenas unos meses de nuestro viaje, decidimos que íbamos a cambiar el itinerario inicial que habíamos pensado por varias razones (meteorología, política…) y dejar fuera varios países. Malasia era uno de ellos: las fechas no nos venían bien y teníamos otras ideas. Pero al final volvimos a cambiar de planes y las dos semanas que pasamos en la Malasia Peninsular a final de junio nos encantaron. La cultura, la comida, la gente… Lo único que nos disgustó a horrores es ver las infinitas plantaciones de palmeras que siguen aumentando en número y tamaño (muy desgraciadamente).

Así que pensamos volver a este país para septiembre, a la espera de nuestra estancia en Sidney (con fechas precisas que no podíamos cambiar), pero a la parte insular. La isla de Borneo está dividida entre Indonesia (la parte más grande al sur), Brunei (la más pequeña al norte) y una franja del este al oeste para Malasia. Borneo ha sufrido muchísimo la deforestación masiva para la venta de madera y las plantaciones de aceite de palma. Aún así, afortunadamente, sigue habiendo varias reservas de jungla protegida.

Parte del pueblo donde se encuentran las oficinas de KOPEL. A la izquierda, Jamila y yo

Tras una corta semana en Semporna, mi francés y yo nos dirigimos hacia el río Kinabatangan (el más largo del estado de Sabah) para hacer nuestro segundo voluntariado del viaje. Esta vez no nos ocuparíamos de niños sino que ayudaríamos a una cooperativa local llamada KOPEL. La empresa propone vacaciones ecológicas con muchas actividades en la naturaleza, sobre todo excursiones en la jungla y paseos por el río para ver animales salvajes.

Algunos de los animales que pudimos ver en los cruceros en barco y las excursiones a pie. Todas las fotos son nuestras. Cocodrilo, orangutanes, martín pescador, 2 tipos de cálaos, macacos, násicos, y dos tipos de ardilla.

Como voluntarios pudimos ayudar a la cooperativa a mantener el hábitat natural de estos animales con dos tareas. La primera y la más tediosa es limpiar el lago de una planta invasiva llamada salvinia molesta, un tipo de helecho procedente de América del Sur. Es un nunca acabar porque la planta se reproduce muy rápidamente y en cuanto se deja un tiempo (por falta de fondos y/o personal), el lago vuelve a cubrirse de manera que el sol no llega al agua y el oxígeno disminuye, matando el ecosistema.

El lago Tungog. A la derecha se ve la salvinia de hace meses totalmente asalvajada. A la izquierda la parte que se ha limpiado.

La otra gran tarea es replantar de nuevo árboles en zonas delicadas (que han sufrido un incendio o eran anteriormente plantación de palmeras). No solo hay que plantar, actividad que los turistas pueden realizar cuando visitan, sino que además hay que mantener el terreno cortando las malas hierbas, y preparar los futuros árboles a plantar. Aunque cortar la hierba con el sable era un poco pesado por la calor, yo me sentía mucho más satisfecha con esta tarea que con la limpieza del lago y podía trabajar más de una hora sin parar (mientras que en el lago necesitas hacer más pausas).

En el invernadero listos para preparar los árboles que serán plantados en el futuro.

La gente de la cooperativa fue un verdadero encanto. Todos los guías nos trataron bien, nos acogieron como a uno más y nos invitaban a participar en actividades cuando no trabajábamos. Nos explicaron muchas cosas sobre los animales de la zona cada vez que les preguntábamos. Ha sido triste marcharnos, tras dos semanas, y decirles adiós. Sobre todo a Norsalleh, nuestro coordinador, una persona verdaderamente comprometida con la naturaleza.

Haciendo un crucero, conociendo un poco más de cerca los macacos de cola larga, unos curiosos de cuidado. ¿Lográis verlos sobre los troncos?

El alojamiento fue en cabañas de madera. Los baños estaban abiertos y había que tener cuidado con los bichos (era el lugar perfecto para que te picaran todos los mosquitos del mundo mundial). Teníamos que vigilar nuestras posesiones para que no vinieran ratas, por ejemplo, o nuestros zapatos para que no se metieran las sanguijuelas. Por la mañana me despertaba con las ardillas moviéndose sobre el tejado o con el olor a caca de mono, de verdad de las buenas.

A pesar de que lo pasé un poco mal al principio (por los mosquitos y sanguijuelas), al final me acostumbré y me gustaba poder vivir entre todos esos animales. Macacos, cálaos, ardillas, murciélagos, algalias… eran nuestros vecinos habituales. No creo que viviera allí para siempre porque además hay mucha humedad (la ropa acababa cogiendo mal olor) y llueve a mares sin previo aviso, pero no dudo en volver en el futuro. El trabajo fue duro pero me hizo sentir bien.

Al final de nuestra excursión al monte Supu, mis compañeras abrazando el árbol más antiguo y grande de la selva.

Si os interesa este lugar para descubrir la jungla y los animales salvajes de Borneo, podéis ver la página web aquí. También podéis ir como voluntarios (solo se paga el alojamiento, la comida y los traslados en un pack a precio especial, más las excursiones extra a parte). Es una experiencia inolvidable.

Durante el paseo matutino que dimos altededor del lago Tungog. Esta parte es completamente pantanosa. En este tipo de ecosistema los áboles pasan grandes partes del año bajo agua.

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