Personal

Lo que pasó en Sídney

En Sídney cuidamos de Roxy, una labrador color chocolate de lo más cariñoso y glotón. Nos gustó estar con ella porque era fácil, tiene una personalidad tranquila y diría que el único problema es que siempre tiene hambre y va buscando comida. De hecho, se escapó en dos ocasiones para ir a comer a saber qué. El primer día volvió por su cuenta a la casa pero debió comer algo malo y estuvo pachucha todo el día. El segundo día tuvimos que ir a recogerla a una clínica veterinaria gracias a que un chico la encontró y nos llamó. A parte de eso, Roxy fue un encanto.


Sídney es una ciudad muy agradable a pesar de que el tiempo estuvo revuelto, pero estábamos muy bien situados y pudimos ir a pie a muchos sitios y coger autobuses. Fuimos al centro varias veces, a la parte del puerto y el antiguo barrio marinero. Allí hay aún edificios de época con sus ladrillos a la vista y ese aire industrial que tanto me gusta. Os recomiendo el museo gratuito de The Rocks con mucha información sobre el puerto y sus primeros habitantes aborígenes así como las diferentes oleadas de inmigrantes europeos.

Después anduvimos mucho por Paddington, nuestra base, y las zonas aledañas como Surry Hills, Oxford Street o Darlinghust. Me encanta analizar la línea de las fachadas, con sus subidas y bajadas, sus simetrías por bloques, comparando la formas de las ventanas, los motivos de sus enrejados y los colores de sus muros. Tanto me gustan que ni siquiera les hago fotos, solo los admiro mientras me paseo (y ahora lamento no tenerlos capturados).

Durante nuestra estancia nos desplazamos a dos playas famosas. La primera fue Manly, en la zona norte, para la cual necesitamos tomar un ferry (existen autobuses pero tardan más). Aprovechamos justo el primer fin de semana que tenía lugar el festival de jazz y hacía un tiempo soleado (aunque ventoso).La otra playa famosa está al sureste y es conocida por el surf. Hay un camino muy simpático por la costa que te lleva desde Bondi Beach a otras playas como Bronte, y puedes ver surfistas ocupados en cazar la ola perfecta a lo largo de él. Hay una atmósfera relajada a pesar de que hay muchos turistas.


Para terminar la visita australiana, decidimos ir al zoológico de Taronga. Desde lo más alto tienes unas vistas espectaculares de la bahía y sus símbolos (la ópera y el puente). El zoo tiene una misión educadora fantástica, una de las razones por las que fuimos ya que no me gustan mucho los zoos, la verdad. Pero como no pudimos ir a la naturaleza, esta era nuestra única oportunidad de ver animales como los canguros y walabíes, los ornitorrincos y koalas, y un puñado más de marsupiales, reptiles y pájaros propios de este continente. Ojalá podamos volver y verlos en la naturaleza algún día.


Fueron dos semanas especiales en las que nos sentimos como auténticos habitantes de la ciudad y en la que no solo pasamos tiempo con Roxy, sino también con sus agradables dueños Kate e Iain, que nos trataron muy bien.


Australia, ¡sigues en nuestra lista de futuros viajes!

2 comentarios en “Lo que pasó en Sídney”

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